Esto no es un taller, sino una práctica de pensamiento en/según ciertas escrituras. Que se inerva a una gimnasia de las percepciones, a sus efectos de pensamiento absuelto de argumentar, aunque sin resignar la vivacidad ni la turgencia del pulso (parido ahora, y sin atenuar).Ni técnicas ni recursos: modos de irrumpir en los sólidos augustos de la frase y hacerlos (di)vertir. Hacer el viaje de Roma a Persia y de Persia al Maghreb: a más espacio liso más cerca de dar con la fisiología en el fraseo, ya que las líneas de las manos, de los párpados, se continúan en las vegas de la arena. Hallar la geosofía de las condiciones idóneas para hacer coincidir, sin esfuerzo, la fisiología personal con el fraseo que la potencia, que (no) la deja.
La escritura es cuestión de auscultaciones rápidas sobre el terreno, en el tiempo real de su advenir volumen de verso, versorama holográfico de universo, que no es ajeno a la conformación de un bulbo coalescente de perceptos y afectos. ¿Cómo palparlo?
También la lectura es cuestión de auscultación de estos volúmenes. Para levantar (si cabe) su Esfera en nuestro sensorium, y habitarla en cuanto órgano o facultad creada en el proceso de la Boda con la Nave, y en cuanto retorno del párrafo (o la estrofa) a su vega de cultivo de la hierogamia.
La escritura, tanto como la lectura, es igual a recorrer una fisiología ya que produce órganos (distribuciones de energía) que desean ser habitados, profanados y vueltos a sacralizar, recorridos en cada uno de sus síntomas.
Si en cuanto escritores somos médicos y brujos es porque la lectura y la escritura levantan glándulas, madrigueras. ¿Cabe una analítica de estas secreciones y hábitats? Cabe un seguimiento etológico del fraseo. Cabe una praxis de la escritura y la lectura en términos de una nomadología de las puntas de universo que, al galope, pueden hacernos un animal, un aliado.
Para cada escritor hay una fisiología que anida y late en el fraseo, así como hay un fraseo (que lo sigue, que lo lee) y que se le hace fisiología en las manos. Descubrir las duplas que mejor se adecúan y potencian mútuamente es un ejercicio de adivinación (y de Celestina) parecido a la detección de la clave que abre una caja, a la detección del punto donde se activa el reflejo ante un trabajo de martillo. Taller de sutiles martillos pneumáticos.
La rítmica de esos golpecitos delinean un volumen que define y hasta cose, con menos paciencia que arrojo (más un agudo sentido de la ocasión), una concrescencia de escritura, y hasta un vestido (de novia: de nervios), que empieza a prometérsenos.
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