29.6.08

Noches de Invierno Alógeno.

La Lengua de los Pájaros.
Fragmentos desgrabados de la charla ofrecida por Elina Khar dentro del ciclo Noches de Invierno Alógeno, año 2007.

(…)
Ahora salimos del terciario por la puerta cardíaca y entramos al precámbrico de los pájaros, y este precámbrico comporta, primero, toda una embriología cardiovascular, que será como su propia génesis conjuntiva, que a la vez bien podría ser, por su lado exterior, algo tan emblemático y kitsch como un corazón tatuado con la palabra joi (esto para los fetichistas).
No es nuestra idea dar una introducción a la experiencia y concepto del joi en el trobar clus provenzal, sencillamente aclaramos qué dirección señala este nuevo leitmotiv alógeno: la vía cardíaca, como embriogénesis de la lengua de los pájaros, lengua que no podría comprenderse sin la función genética del joi, del gozo.
En este punto no sólo tendríamos que espiar la poesía del trobar clus del siglo xii y xiii, sino las vías místicas devocionales del sufismo a partir de las doctrinas teofánicas de Ibn Arabi y sus Hermanos de la Pureza, que coinciden en época y región con la explosión de la herejía cátara en el Languedoc y con el gran asentamiento de cabalistas judíos, más los alquimistas y astrólogos que plagaron las zonas de contagio europeo-africano al sur de Europa, sobre el Mediterráneo, y que, de una u otra manera, hicieron ancla en toda una ciencia del corazón.
Esta ciencia, en la sofiología de Ibn Arabi, propone que el corazón es un órgano de conocimiento. Su facultad es una intuición comprehensiva que, como en Bergson, implica un método. Vale decir: hay acercamientos ceremoniales y devocionales, hay efusiones iniciáticas, hay aguzamiento del oído (vamos a oir hablar del tercer oído –no podía ser de otra manera tratándose de pajarísitico), hay dictado par coeur, como diría Derrida, al que habrá que saber seguir y serle fiel.
Ahora bien, esta vía cardíaca es para nosotros un aspecto importante para captar la lengua de los pájaros, por su carácter de cultivo, por su función genesíaca en relación al pajarísitico, así que nos detendremos unos minutos aquí.
El corazón va a gozar de su conversión en receptáculo, en un medio para cierto tipo de cocciones, diríamos, ya veremos hasta qué punto en un sentido casi literal, y también para cierto tipo de recolecciones -de fuerzas, de visiones, de audiciones- a la vez que un difusor calórico de una sustancia o viático. Vale decir: se trata de hacer del corazón un nido, y hasta podríamos exagerar menos diciendo: un huevo, un huevo filosófico, un huevo Dogon, un huevo órfico, y hasta un huevo a la manera del Cuerpo sin Órganos en Deleuze. Tengamos presente que este huevo es sobre todo un horno, un horno filosófico, cuyo infinitivo clave, perlongheriano, será la palabra reverberar.
Por lo tanto se trata de entregar el órgano cardíaco a un devenir-nido, a un devenir-horno de reverberaciones, que puede ser también un devenir caverna, gruta iluminada, como la cueva teofánica de los Reyes Magos, o como la visión en caverna que pide Echavarren para la emisión de su andrógino. O bien, como lo propuso Juan Salzano en su charla sobre Macedonio: entregar el corazón de la lengua a un devenir-hornero. O bien, como lo quería Ibn Arabi: entregar el corazón a una cardiognosis extática. Todas estas, lo habrán comprobado, son experiencias del calor, vale decir: de la efusión y la fusión. Y además y en consecuencia: de los vahos coloreados, que, como en toda tiniebla bíblico-alquímica, tienen propiedades generativas y regenerativas, tal como el vaho de luz estelar que evapora la gruta de los Magos cuando nace el avatar de Hibil-Ziwa, o del Hombre Primal de los nazarenos.
Lo que estamos haciendo es lo que siempre hicimos con cada curso manikhémico: abrir, cada vez, otra sección de una fisiología-otra, llámesela Cuerpo Sin Órganos, Sistema Nervioso Descentralizado, nueva carne, cuerpo radiante o máquina de trinar. En este sentido deberíamos pensarnos más como médicos que como poetas: en la medida en que vamos levantando las capas de otras fisiologías posibles. Si después hacemos poesía, supongo que será algo así como una determinación secundaria de esta terapéutica a contrapelo.
Entonces, abrimos esta fisiología cardial y por supuesto comprobamos que el corazón devenido no se corresponde al corazón referencial: comporta una nueva red de capilaridades y morfodinamias en relación a las que, sin empacho alguno, responsabilizamos al devenir molecular: es la entrada al hormigueo vasto. Y si ya no estamos frente a órganos físicos es que entramos al universo de los órganos psico-espirituales, y que ya querríamos dejar de llamar órganos psicoespirituales para denominarlos galaxemas.
Ahora, si la relación corazón – huevo Dogon – horno de reverbero – máquina de trinar, etc., todavía es para nosotros un problema de mera analogía exterior y metáfora, implicaría que no rozamos nuestro CsO, que aún no generamos el vínculo que nos hace capaces de crear y experimentar una fisiología no referencial. Y la poesía como máquina de trinar, en tanto agente de licuefacción, no busca otra cosa que producir ese vehículo. “Lo hacemos o no lo hacemos, esa es la cuestión”. Y si lo hacemos, ya no es un ser ni un no-ser, es un extra-ser (un exudado o un evaporado: un incorporal).
Primera cuestión que venimos indagando: la lengua de los pájaros se incuba por la vía cardíaca: corazón tatuado (habría que ver cómo funciona el tatuaje aquí –para eso haríamos bien en releer a Sarduy–), tatuado con una palabra mágica que de hecho ya pertenece a nuestra lengua de los pájaros: la palabra joi. Resulta que ahora, al vincularnos molecularmente a ese tatuaje, y gracias a nuestra cocina cardíaca, zas!: obtenemos los primeros ronroneos de la criatura: los primeros movimientos intensivos del androide. Pero lo más sorprendente es que vamos obteniendo otro latido que el latido (otro latido virtual adentro del latido referencial). Latido anómalo, alienígena, que ya no nos pertenece. Habría que decir que empieza a pulsar la lengua del Pájaro (del Colibrí -es el título de la novela de Sarduy-). De hecho esta lengua, lo veremos, depende menos de la letra que del pulso, menos de la gramática que del latido. Haríamos bien en ir pensando esta lengua como una lengua pulsional, pero no en el sentido del modelo pulsional psicoanalítico, sino en el sentido más literal, a mano y concreto: como una meditación del latido. Ahora: estamos en problemas, porque este latido no arroja el más mínimo indicio de latido humano.

23.6.08

Glosolalia. Andrei Bieli.


En la entrada previa de este blog adelantamos una Introducción, de Electrum Hashmal, a la Glosolalia de Andrei Bely. Como prometimos en ese mismo post, entregamos ahora la traducción de tres secciones más su Prefacio.



GLOSOLALIA

PREFACIO

Publicar Glosolalia cinco años después de que fuera escrito me obliga a ofrecer unas palabras aclaratorias. Sería absolutamente incorrecto ver en Glosolalia una teoría que intenta probar algo a alguien.
Glosolalia es una improvisación sobre diversos temas sonoros: así como estos temas desarrollan fantasías de imágenes-sonido en mí, así también las despliego. Pero sé que detrás de la subjetividad figurativa de mis improvisaciones se esconde su más allá de lo figurativo, su raíz no-subjetiva.
(…)
De la misma manera yo tomo el sonido como un gesto en la superficie de la vida de la conciencia. Es un gesto de un contenido perdido; y cuando asevero que “Ss” es ... algo luminoso, sé que el gesto en general es ... un gesto de confianza, fiel, y así mis improvisaciones figurativas son modelos para la expresión de una mímica de los sonidos que hemos perdido. Creo firmemente que esta mímica se encenderá dentro de nosotros y será iluminada por nuestra conciencia. Y es a este futuro que alzo mis imágenes subjetivas, no como una teoría, sino como un poema: un poema sobre el sonido.
Glosolalia es un poema-sonido. Entre los poemas que escribí (Cristo ascendió y El primer encuentro), es el más logrado. Les pido que lo acepten tal cual. Criticarme desde un punto de vista académico es absolutamnete ridículo.

ii
Una vez hace mucho tiempo no había pastos, ni “Tierras”, ni pedernales, ni granitos; era ... llameante; láminas de gas volando difuminadas a través del Cosmos; la tierra estaba gorgoteando como una flor de fuego; estaba desplegándose, confluyendo desde la esfera cósmica. Y estos gestos de los fuegos más tarde se duplicaron a sí mismos: en los pétalos de las flores. Por esta luz cósmica existe ... la flor colorida de los campos; todas las flores/colores son ... memorias sobre los fuegos de la ilimitada esfera cósmica; todas las palabras son ... memorias del sonido de un sentido antiguo.
Una vez hace mucho tiempo no había conceptos en nuestros sentidos: una costra conceptual rodeó la imagen de la palabra; hace tiempo no había ni siquiera la imagen de la palabra; más tarde las imágenes rodearon la raíz sin imagen; previamente no había habido raíz; todas las raíces son ... pieles de serpiente; la serpiente viva es ... la lengua; una vez que esa serpiente fue corrientes, el paladar fue ... la vela de los ritmos, arrastrada. El cosmos, al afirmarse, devino la cavidad de la boca; una corriente de aire –este bailarín del mundo es– nuestra lengua.
Antes de que hubiera diferentes sonidos la lengua podía saltar, como un bailarín, en su propia esfera cerrada; todas sus posiciones, sus torsiones y vueltas, tocan el paladar y juegan con la corriente de aire (una exhalación de calor interno) que compone a tiempo signos sonoros –aspiradas, sonantes: se condensan como las consonantes y ... depositan macizos de oclusivas: las mudas (p, t, k) y las que tienen voz (b, d, g).

iv
Todo movimiento de la lengua en la cavidad de la boca es ... un gesto de un bailarín sin brazos, dándole vueltas al aire, como un gaseoso velo danzante; mientras vuela lejos hacia los costados, las puntas del velo le hacen cosquillas a la laringe y ... surge una seca, aérea, rápida “h”, pronunciada como la rusa “kh”; el gesto de los brazos extendidos (hacia arriba y hacia los costados) es ... “h” (Ver ilus.).
Los gestos de los brazos reflejan todos los gestos del bailarín sin brazos, bailando en un lóbrego calabozo entre los arcos del paladar. El movimiento de los brazos refleja una mímica sin brazos; estos movimientos son ... gigantes de un mundo enorme, invisible al sonido; de esta manera la lengua dirige su masa, el cuerpo, hacia afuera de la cueva; y el cuerpo dibuja para nosotros gestos, y las tormentas del sentido están ... entre ellas.
Nuestra lengua sin brazos observa el gesto del brazo, y lo duplica en sonidos; los sonidos conocen los misterios de los antiguos movimientos de nuestros espíritus; apenas pronunciamos los sonoros significados de las palabras, asimismo fuimos alguna vez creados; pronunciados con un sentido. Nuestros sonidos ... palabras ... devendrán el mundo: creamos personas de las palabras y las palabras son actos.
Los sonidos son ... gestos antiguos en los milenios del sentido; en los milenios de mi ser deviniendo, un brazo me cantará con sentido cósmico. Los gestos son ... sonidos jóvenes de significados implantados en mi cuerpo, pero aún no compuestos; lo mismo que está ocurriendo en determinado momento en una parte aislada de mi cuerpo, bajo su calavera, con el fluir del tiempo ocurrirá a través de todo mi cuerpo.

vi
Ví a una euritmista: una bailarina del sonido; ella expresa las espirales de composición de los mundos; son todos ... universos; ella expresa cómo el sonido divino nos pronuncia; cómo volamos en el cosmos a través de estos sonidos; soles, lunas y tierras resplandecen en sus gestos; aliteraciones y asonancias del poeta arden por primera vez.
Vendrán días en los que una vez extendidos los brazos enérgicamente, luego bajándolos, un enjambre de euritmistas dispersará para nosotros, bajo las estrellas, los gestos sagrados y los sentidos iluminados se reunirán. Gesticulación, la euritmia es ... el arte de las palabras; la filología en nuestros días es el arte de las lecturas perezosas; en el futuro será ... una danza rápida de todas las estrellas: de los zodíacos, de los planetas, de sus órbitas, de su incendio; los índices de la sabiduría son ... las notas y danzas; la habilidad de construir el mundo con gestos significa que la raíz de la conciencia es revelada: el pensamiento crece junto a la palabra; por lo tanto: la expresión del sonido es conocimiento, y la respuesta a una pregunta es una mímica gestual que representa la vida de la pregunta en mí; sin la habilidad de representar la vida de la pregunta no tenemos soluciones para la pregunta.
He visto euritmia (dicha forma de arte acaba de surgir); en ella está el conocimiento de las cifras de la naturaleza; la naturaleza pobló la tierra desde el sonido; el sonido brilla en el euritmista y la naturaleza de la conciencia está ... en el sonido; y la euritmia es ... el arte de conocer; aquí el pensamiento fluye hacia el corazón y el corazón habla sin palabras con sus alas-brazos ... y la duplicación de los brazos ... habla.
Los espíritus nos bajaron a la tierra por medio de la euritmia; estamos en ellos como ángeles.
He visto euritmistas (cerca de la cópula, fortalecidos por el sonido): sus velos pasando todo alrededor y sus brazos petrificándose en arcos alados y sus velos descendiendo. Uno podría estar parado, mientras otro extiende hacia nosotros sus brazos, representando sonidos distantes. Y con las disonancias del sonido la Antigüedad por sí misma brilla.

Una vez hace mucho tiempo vivimos en la antigua Airia, en el Aire, como sonidos; y los sonidos viven hasta hoy; los expresamos con la palabra-sonido.

La luz es esparcida por la piedra-imán del sol,
la arena de los sueños contabiliza el tiempo
pero tú fuiste agregando granos nuevos ...
En poderosas flexiones de brazos izados a lo alto
el sonido constructor alza iglesias al cielo.
Sergei Esenin

12.6.08

Pajarístico, Andrei Bieli, Glosolalia.


Continuando las pistas sobre la lengua de los pájaros y diversos diagonalectos que fueron lanzadas al inicio de este Blog (ver posts de Marzo), acaba de llegar una esperada reseña escrita por Electrum Hashmal y publicada hace meses en el Códex Molecular Ombligo 23. El título completo es: DOS TRANSRACIONALES: ANDREI BIELI + KHLEBNICOV / Primera Entrega: ANDREI BIELI, Glosolalia.
Entregamos fragmentos de esta breve introducción para que los adictos a la Escuela Cuaternaria Inter-Reinos (ver primera entrada) agreguen nuevos viáticos a su itinerario intermedial. Como siempre, los interesados en asistir a la ECI-R pueden dirigir su consulta a eal@abaconet.com.ar


ANDREI BIELI, Glosolalia

Andrei Bieli o Bely, pseudónimo de Boris Nokolaevich Bugaev, nace el 26 Octubre de 1880 en Rusia y muere el 8 de Enero de 1934. Escribió poesía, novela y ensayo. Como buena parte de sus contemporáneos rusos empieza a publicar sus escritos en Berlín, entre 1921 y 1923. Glosolalia es publicado en esa ciudad, en ruso, en el año 1922. También será la oportunidad de contactar a Rudolph Steiner quien por esos años pasaba la mayor parte del tiempo en la capital alemana. Su Glosolalia es un meticuloso eco trans-semiótico, en clave de pensamiento cosmopoético, de la euritmia steineriana, que surgiera en aquellos años como la performance inherente a la catexis antroposófica que empezaba a gestarse. Tanto en la Glosolalia de Bely como en la euritmia, el foco está puesto en la relación sonido – movimiento – palabra – danza – gesto, menos como una reflexión estética que como una minuciosa acción cosmogenética in corpore.
(…)
En los años 20 la euritmia contaba con ese poder de lo gestual izado a obra, que de hecho estallaba en cada resquicio del arte de vanguardia. En el caso de la euritmia aún irradiaba el poder de lo que se acaba de descubrir bajo deslumbramiento experimental, sin haber sufrido su fijación pedagógica. Es bajo este signo o presión que Bieli compone su largo poema glosogenético. En el mismo año, 1922, da una larga charla en la Berlin Russian House of the Arts dedicada a la euritmia. A través de estas indagaciones coreográficas Andrei llega a interesar al director de teatro y actor Vsevolod Meyerhold (también esposo de Isadora Duncan por algún tiempo), quien propulsó una de las primeras maquinaciones constructivistas y perfórmatas de la actuación, a través de un énfasis gestual, kinético, mímico y postural, soslayando la actuación como mera emisión y dramatización de textos. El director de cine Eisenstein empleaba exclusivamente actores que trabajaban con los métodos de Meyerhold, una sincrética mezcla de simbolismo y futurismo que dejaría perplejo a más de un acólito de la noción de ruptura.
(…)
En medio de esos intercambios convergía Andrei Bely con su semiogénesis glosolálica. Por supuesto su impronta sensualista a la vez que esotérico-mística, de influjo simbolista (la “segunda generación de simbolistas”, la llama Echavarren en Pasión y Poesía en la Edad de Plata Rusa), liga justamente a la llamada edad de plata (1890 – 1917), como un prodigioso eco eslavo del simbolismo europeo de fin de siglo. Unos años después Andrei Bieli será mencionado por Vladimir Nabokov, el conocido autor de Lolita, como el creador de una de las cuatro novelas más importantes del siglo XX: Petersburgo. Y es evidente que el inicio de Lolita, uno de los comienzos de novela más brillantes que existen –según afirmara alguna vez Enrique Pezzoni– es un homenaje menos velado que talentosamente libidinal a la Glosolalia de Bely: “Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar, para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”.
(…)
Trayendo a colación diversos vínculos con Steiner y la euritmia, será Schwaller de Lubicz (miembro fundamental del affair Fulcanelli) quien, interesado en la experiencia comunitaria del Goetheanum de Rudolf Steiner en Domach, Suiza, 1919, crea a su vez, contemporáneamente, la Estación Experimental Suhalia, también en Suiza, 1924, ubicada en Saint Moritz, dedicada a la experimentación eurítmica (lo cual habla del estallido eurítmico en la Europa de esos años), homeopática, alquímica, científica, editorial, artística y artesanal (en especial vidriería medieval, tapicería y repujado en metales). Artistas como Jean Arp se hospedaron en esta estación experimental entre muchos otros que acabaron convirtiéndose en alumnos y discípulos de René Schwaller. Recién en el año 2005 un grupo de astrónomos e ingenieros reparan el telescopio de bronce de Chesa Margna, el pequeño y lujoso observatorio montado dentro de Suhalia para la investigación atronómica y astrológica que, tras el cierre de 1928, quedara abandonado hasta su primera recuperación en los sesenta.
(…)
Una última escama de este caudaloso influjo entre arte y corrientes mistéricas –en lo que ambas tienen de experimentales–, cabe citar un fragmento del artículo de Roberto Echavarren mencionado con anterioridad, donde se refiere a dos “poetas campesinos” de la edad de plata, Nikolai Kluev y Serguei Esenin (éste citado por Bieli en su Glosolalia, además otro de los esposos de Isadora Duncan, con Vsevolod Meyerhold, mencionado antes, todo lo cual va articulando la espira poli-sintonista que proponemos):
“Kluev (1887 – 1937) provenía de una familia de viejos creyentes de la secta de los Jlistis (también llamados “Cristos” o flagelantes) de la región de Olonets, en el extremo norte. El amor de su tierra natal y de las artersanías de la zona, la pintura de íconos y los himnos religiosos de los Jlisitis, que él mismo empezó a componer desde muy joven, permean todo lo que escribió. En 1912 se publicaron en Rusia dos de sus libros de poemas, El campanear de los pinos y Cantos fraternales”.
En particular Andrei Bieli entra en la corriente iniciática rusa a través de su iniciador en la tradición mistérica Pierre Kaznatcheev, a cargo de varias logias martinistas en ese país, quien además portaba linajes rosacruces alemanes (Gold und Rosenkreutzer). En esta misma logia moscovita (San Juan Apóstol) es iniciado Ouspensky, el conocido discípulo de Gurdjieff. Extensa egrégora que arranca, entre otros, del zapatero y místico Jacob Boehme, que después Bieli conecta a su manera con la mística sofiánica rusa, teñida de paganismo estepario, más el influjo directo que recibe de Rudolf Steiner a quien frecuenta personalmente en Berlín. Para ese entonces ambos eran dos potencias saludándose.
Sin embargo Andrei Bieli es lo suficientemente lúcido como para captar que una cosmología poética, para un artista en sus luces, no es deseable ni consistente que se articule bajo una beata abstracción teosófica. Tiene que darse a la vez un acorde histórico, fisiológico y semiótico, vale decir una semiótica transmaterial que le venga del arte y el pensamiento contemporáneos, a la vez que de una artesanía sub-lingual transhistórica: tiene que contar con elementos nerviosos que hagan carne, situados en una fecha, y a la vez con secreciones glandulares y fases anorgánicas vinculadas a toda clase de diagonales anhistóricas y no-humanas. La morfogénesis semiótica de Bieli parece un avatar del materialismo espiritualista pre-socrático y médico-estoico. Ni un rastro de idealismo abstracto tan frecuente en el esoterismo occidental. El cosmos es el paladar y la lengua su bailarín secreto, secretante. Y los brazos del bailarín mantienen una relación no lineal, y por completo física a la vez que energética, con los movimientos de ese otro bailarín que es la lengua en la caverna húmeda y sellada de la boca. Génesis fisiológica no-lineal a partir de un sistema nervioso que ya no responde a la causalidad mecánica. Génesis de poeta, en sentido tan arcaico como performático: génesis dionisíaca y órfica (y hasta cabría recordar el movimiento pictórico bautizado orfismo por Apollinaire, encabezado por Robert Delaunay, con sus coreografías cromáticas anticipadoras del pop-art de corte lisérgico).
Por otro lado es interesante resaltar la cantidad de indagaciones semióticas, lingüísticas y glosolálicas llevadas adelante en aquellos años por dos generaciones enteras de simbolistas y luego por las vanguardias históricas europeas tanto como por las latinoamericanas. A modo de adelanto nos basta resaltar por ahora, en lo que respecta a Rusia, el singular trabajo de Khlebnikov alrededor de su creación del Zaum, lenguaje transracional de signos, gestos, colores, sonidos, que espiaremos en nuestro próximo envío. El Zaum de Khlebnikov y la Glosolalia de Bieli, con todas sus diferencias de enfoque y proyección, conforman dos incitaciones contemporáneas a articular esta indagación de los diagonalectos y semióticas transmateriales.
Abrimos paso entonces a nuestra precaria traducción de Glosolalia. Decimos precaria ya que fue hecha desde el inglés, no desde el ruso, que es la lengua en la que Bieli publicó su texto. De allí que se trate de una traducción al paso, a fin de abrir el texto a nuestros lectores por unos minutos, a manera de primer acercamiento que podrá ahondarse por mejores vías y con otros tiempos.

Electrum Hashmal
Hotel Khun, El Cairo
Antes del 2012

Nota: segmentos traducidos de la Glosolalia de Bely se incluirán en próximas entradas.

TAR.TARA.ZAIN. Segunda Entrega a Fragmentoides.


Capítulo 2
El Sotopalmar
- fragmentos -


Entrando y entrando al mato cada vez más espeso del soto.
Los mandriles se desilvanan tras el quebradero de los arbustos, sus trapos se enganchan a las ramas que pronto los orean, banderines de una sola noche entre las espinas. En algún lugar de esa jungla Gyula efervesce en su lab de esporas; en algún otro merodean sus consumidores eternos, perdidos entre los enebros con sus dobles eyectados a otros planos. Así de cierto y literal, nada de figuraciones inescrupulosamente gratuitas, sino la empiria directa y franca del zonul, empireuma que hasta un sorete realista anotaría.
“¡Ho!”: la lunecilla de mato y grillo, “¡oh!” en la in-máquina que rota, y ¡HA!-¡HA!-¡HA!: el viento libre del cinocéfalo.
Y tintos perlé
de los grillos
a un costado del falso Rover traqueteando, y yo, el viento Tar, que llevo las puertas de atrás abiertas para que aletee lento, … máquina transformada en pez metálico que rema a oxidaciones por el Soto ... y tan despacio ... en el espacio … que hasta habría tiempo para que salten las arañas por sus hilos hacia el cockpit.
Cómo adoro volver al Zoon así de acompañado, así de lento y sonajero por el fuera de campo, barquinando y predicador tras haber contagiado Hueso Muerto.
Los mandriles me pasaron hace rato corriendo y siempre tres o cuatro privilegiados levitan a ras del suelo por la calidad de la sangre que bombean cerca del alba: doctos aeróbatas … Cuando un mono levita tres perros ladran desde una comuna, es automático birlo, y de inmediato se desprende un penetrante olor a orines de los arbustos, dejando que se hilvanen los aires de un augurio goético. Cuando se huele esa sustancia por el brezal se percibe un hedor a tierra viva y árboles, compost proyectado por particlos disparados desde la selva orgónica. También ésta se anuncia de a poco tras la aparición de un megalítico arbustal con brazos de arena que hacen alfabeto, jardín alegórico. Atravesando sus primeras letras y catafalcos, veo dar vueltas a dos lentísimos figuretines, en telas blancas de sultanes, que basculan por el laberintío vivo. Caminan muy lento y luego se detienen mimetizados a una franja muy clara de arena, vibrando en las flechas de luz de sus ropas, dentro del vapor enlechado que se aposentó hace minutos.
Enfilo y me acerco a 20 por hora, mis aletas desvencijadas me anuncian desde lejos con sus clancs rastrojeros. Creo que ya me ven desde sus trompos ... simultáneamente los adivino: Eor y Zivo: uno de ellos en cueros pero con amplios pantalones de bambula. Los saludo con unos guiños de luz azul, Zivo está pintado de pe a pa por una cruz de talco cuyo travesaño va de muñeca a muñeca a través de los hombros, de un brazo al otro, mientras el palo vertical va de ombligo a vértebra sacra. Deben estar inyectados, en plena imbibición de alguna pócima forestal de Gyula, ya que son sus catadores predilectos, ambos entregados a esas faenas desde hace años, cuando se instalaron con Tim Al por el zonoide y fundaron una de las primeras comunas autónomas.


(…)


Ya ladran los acastillados perros del Dog al acercarnos a la Comuna del Nostoc … , ladran sin pausa ni más comentarios, a lo mejor levitaron un par de mandriles por el desierto y los siguen con sus narices, no lo sabemos, pero aquí vienen sus siluetas saliendo a oler a estos paisanos a contrapelo.
Las cosas de la luna: “el amor secreto y sin dueño”: … ¡ojo con las abruptas refinaduras del rufián! Y sí, es que a medida que entramos al caserío huelo a las mujeres-sombra del Dog.
Este asentamiento es una hendidura abierta en la selva que vuelve a conectar sobre los árboles a la hendidura mayor del océano. Pero no se trata de una comunidad psy-folk en las lomas de San Ignacio, sino de una austera y clandestina villa barroco-povera escondida en el mato menos conveniente y más impropio. Cuestión de abandonar a unas familias de experimenters en un hábitat saturado, ni muy bondadoso ni muy zen, más bien repleto de sugestiones vegetales y animé ...
Los perros al fin se callan cuando huelen los paños de bambula de Zivo y Eor, olisquean los huesos colgando de la minifalda de cordero que llevo puesta desde hace noches, tres bouquets muy conocidos para la jauría de hecáticos, en su equilibrio inestable de conos. “En la economía de los ecos los perros mandan”, lanza el Dog al estilo Jade y Ave, tras el saludo junto al alero del primer rancho.
Pero en el aire comanda el sostenido incansable de todogrillarse el perímetro, usina paleozoica en el piar de los iones. Ese piiiiiii-frrrrrr-fssssss interminable de la Comuna del Nostoc, alternado con el león subsistente del mar, es la composición acusmática que domina el espectro sonoro, las cuerdas de la memoria rasgando el pabellón del oido.
“Las alegorías de Ucello son menos barrocas que tu tatuaje”, vuelve a pancartizar el Dog al ver a Zivo entrar en terreiro, con un carnero tatuado en su vientre, cuyos cuernos, pasando a su espalda a través de los hombros, se transforman en un caduceo ofita con incrustaciones de piercing mineral, algo nadísmico, a lo largo de toda su columna vertebral de manta raya.
Zivo no responde al fraseo del Dog y me señala el rancho de la Estación Hidrobiológica, el más pequeño de las cinco covachas yuteras, allí donde Gyula cocina sus aguas y piedras al ritmo de la selva. Alguna vez repartió por la comuna unos volantes de rimas conceptuosos que decían, entre otras inflaciones: “¡Que la droga sea hidráulica y cinética / que toda operación sea hidropoética!”.
Atravesamos el gran patio de arena y altares ruinosos hacia el que apuntan todos los ranchos, en su hora más recargada, próxima al brindis diario aunque espontáneo siempre, de los habitantes en vigilia. Mientras tanto el Dog con sus hijas (nueve u once, más las primas y sobrinas parecidas a éstas que se indistinguen en las sombras de los cuartos, manipulando), deambulan despiertos en unos itinerarios sonámbulos pero receptores, cuando hay ese rebatir de abejas por todos lados. Puede que también se deba a tantas mujeres-sombra braceando en los cuartos, trucándose entre sí, en las trastiendas acocinadas de las casas. Alguna de ellas se detiene en la oscurecida verandah de yute y paja, silenciosa, batiendo caracoles dentro de su puño y practicando el aflato pítico, suscitando el punto indeterminado del brindis o lactación, como en un lentísimo incrementum de aplausos.
“La luna es el primer caracol que se escucha”, había escrito Gyula en otra entrega hace años, citando un comentario de una de las hijas del Dog, Sagala, de quien el herbalista se enamora cada día, en precisables horas planetarias. Ella se refería, decía Gyula, al caracol submarino y placentario del feto anfibio que había sido durante meses –por lo menos–, como algunos de ellos tras sus primeras lustraciones nilóticas en el Pantano.


(…)


Coqueterías de las sectas silvanas del Zoon, a estas horas comienzan a verse las mútuas ofrendas de pastel que se hacen las cocineras, la milhoja mercurial del alba, las tortas cocinadas por las que vibran a la sombra, quién sabe a base de qué semillas seleccionadas a la hora del Khu. Avanzan tres o cuatro con sus canastas repletas de pasteles portátiles en tanenet.
Mientras nos vamos dispersando frente a la milenrrama al centro del patio, Gyula mira al trasluz de la luna la botellita que se bajaron Zivo y Eor, y en medio de su pelicularse junto al árbol del arenero nos dice: “El más cristalino esputo de luna”.
Asentimos sin intercambiar comentarios, mientras se nos acerca Sagala, hija tremendamente dotada de espíritu del Dog: de carne irradiante, que al llegar a nuestra elipse corre el paño de su canasta de tesoros artesanales: joyas de la panadería vernacular, casi de oráculo: el hojaldre de unas milhojas craquelé, unos cericets con ron y vibuti, una abeja tostada en su pastilla de eucaliptus, panes de cereal con incrustaciones de piedra vegetal. Todo en la medida y dosis justa para generar el rayo a ser ampliado durante la jornada, según el regusto del Ojo, donde sea que se lo encuentre o produzca.
Sagala, para alegría de todos, es una morena con partículas niñoides tiñendo cada gesto sustraído al segundo, atesorado para el mejor rabdomante por venir, con seguridad de la tribu virtual de las más pequeñas y ungidas Isis Negras.
“Gracias”, atino a decir, inutilizado por la belleza amateur y transparente de la azafata descalza. Tomo uno de los hojaldres, el más parecido a un diminuto libro de horas, un capítulo persa de la repostería de Reyes: “Mmmm”, llego a decir regocijándome por todo, por muy poco y hasta por nada, al comprobar que estamos brindando sin haberlo enunciado, con ese harlo de panaderas de Bethlehem, a plena deshora del disolvente besando la tierra de la villa equinoccial.
Tras los primeros tragos de su té negro Sagala se entusiasma: “Anoche empecé la autobiografía de mi última inducción. Se va a llamar Viaje en caleidoscopio”.
Su intervención alienta unas risas cortas y súbitas, de saliva y mocos: ya no se aguantan las dosis de inocencia que la niñoide regala.
Alrededor de la escenita co-brindante el alba ya atomiza su luz azul-vérdigo sobre la arena, vaporismo venéreo que sube hasta un metro y medio de altura, para aspirar el vaho, mientras las cañas del entorno saludan a la esfera escenográfica con su aire de pastoras. Y la sola nota del sensarround de los grillos, comiendo de ese rocío picante que más tarde amasarán las femmes del Dog. En ese perfecto bodrio de trapos y cajones que saturan la comuna, nos perdemos hablando de los contactos con los hermanos y señoras, las interferencias de los Hombres-Leopardo y las Turas, tema que se deshace en otra fragancia cuando huelo, en semejante noche estrellada, la lluvia de dentro de dos horas. Sin calcularlo hago un gesto automático, más bien de aguafiestas, para continuar mi viaje en el Rover, abandonado quién sabe adónde en las afueras adunantes de la selva.

continuarán …